Ya sé que por lo que soy (un tipo de monstruo) me es físicamente imposible; pero si lo fuera, tampoco podría volver a dormir después de esta horrible noche. Jamás conseguiré despegar esa imagen de debajo de mis párpados, ni siquiera con cientos de lágrimas que tratan inundar su recuerdo. Lucas, mi Lucas.
Tengo tantos recuerdos con él. Son agridulces, como la vida misma; pero mis favoritos. Esa tierna sonrisa infantil de Londres que me enamoró incluso antes de que supiera qué era el amor, esos ojos tan raros y bonitos en los que me hundía con tanta frecuencia, ese muchacho alegre, lindo y atractivo que me acompañaba incluso en mis sueños más oscuros... Él siempre permanecía a mi lado y eso daba a mi existencia de engendro un motivo de ser. Sentí la alegría de estar vivo cuando le oí decirme que yo era lo que más quería en el mundo, pero yo jamás lo merecí y las sombras apartaron de mí a mi ángel. Me sentía muerto y vacío sin poder verle, pero seguí; incluso cuando me convirtieron en un demonio de su misma calaña. Mi perseverancia fue recompensada porque le volví a ver, porque me regalaron un par de días en el cielo a su lado. Me dejaron probar sus labios y conocerle como nunca antes lo había hecho; me dejaron probar cómo era sentirse amado por él. Era todo lo que yo siempre había deseado y me dejé llevar. Cometí el pecado de engañarme a mí mismo, haciéndome creer que estaba vivo cuando no ha habido una mentira mayor en la historia y fui castigado. En una montaña rusa entre las experiencias más dolorosas, placenteras, alegres y contradictorias de mi vida, pasó el tiempo hasta que por fin pude comprender que lo nuestro era imposible y que yo debía seguir solo. Sin pensar en cómo, me enfrenté y luché para seguir adelante y defender lo único de mí que tenía claro, lo único de mí que sentía que debía preservar porque así estaba escrito. Aunque eso me metió en una guerra en la que mi ángel luchaba en el otro bando. Defendería mi bando sin importar las consecuencias, porque así es como soy yo en realidad ; pero, justo antes de empezar la batalla ¿De veras tenía que pasar esto? No entiendo cómo el destino puede ser tan cruel y retorcido. Ya entiendo que no querías que esa batalla se celebrase, pero ¿De verdad no había otra forma de evitarlo?....
Llamas carmesíes se tragaban la mansión Klein con una velocidad extrema. Las llamas rojas de humo negro siempre han sido las peores. Mi casa ardía, pero no era eso lo que me preocupaba en realidad. Siempre que pensaba en llamas pensaba en Lucas, en cómo sería ver que tu casa está ardiendo con tus padres dentro. Ahora era inevitable pensar en él. Estaba dentro.
El fuego implacable lo destroza todo a su paso, incluso a demonios que aparentan ser inmunes a cualquier daño. Yo no pensaba en mi padre ni en ninguno de sus ridículos amiguitos, sólo en Lucas. Me intenté acercar corriendo todo lo que pude; pero, antes de que pudiera entrar, mi mirada se cruzó con dos ojos de color caramelo rojizo. Para mí, con los dos ojos más bonitos del mundo.
Los rodeaba un aire de dulce melancolía, cómo si supiera que aquí acababa todo y me fuera a dar un beso de despedida. Intenté correr más y salvarle, pues perder todo lo que me queda de existencia no era un precio alto cuando de salvar a mi Lucas se trataba. En ese instante noté mis músculos bloqueados y agarrotados. Lo estaba haciendo él. Lucas sabía que iría corriendo a salvarle y que seguramente acabaríamos muertos los dos, pero yo preferiría haber muerto a haber presenciado aquello.
No veía su rostro, pero podía imaginarlo como si lo tuviera frente a mis narices. El cómo sus tiernas facciones perdían sus formas desencajándose en una expresión demasiado apacible, el cómo las llamas comenzaban a carbonizar su hermoso rostro, el cómo mi ángel se convertía en nada más que ceniza que el viento llevaría a reunirse con sus padres. Si hubiera tenido que escribir un final para Lucas Allen... No habría sido capaz; pero supongo que no sería tan cruel de acabar su vida en otro incendio, sin saber quién lo provocó, por qué o qué demonios va a pasar aquí... Yo no podía soportarlo. Imágenes de todas las veces que había estado con él me invadían. Esto no podía ser un adiós. Lucas Allen estaba desapareciendo de la faz de la Tierra y yo estaba plantado aquí sin poder hacer nada. Eso es lo que jamás me perdonaré. Sé que no es mi culpa; pero la impotencia de no poder hacer nada cuando mi amor se esfuma me mata por dentro. El saber que yo "viviré" y que él perecerá aunque no lo merece, aunque sea yo el verdadero pecador. Sin duda daría mi vida por él y el no poder hacerlo es lo peor. Él muere y yo solo miro. Puede que él quisiera esto, pero yo no. Solo deseo que sea todo una pesadilla o que nada sea real o que el tiempo se pare y me den una segunda oportunidad. Jamás me había sentido así. Desde que siento esto pienso que jamás me había sentido realmente mal con anterioridad, pues comparado con esto, mis depresiones habituales me provocaban una alegría eufórica.
Yo... Simplemente no podía... Lucas... ¿Era ese el adiós definitivo?
Porque todos necesitamos una coartada, un lugar al que correr para esconderse y sentirse mejor. Para llegar al mío sólo hay que soñar. Así que ahora seguramente estés dormido
~
Si has llegado a encontrarte con estas palabras, tienes libre elección de seguir leyendo o parar aquí. Si paras, será como si nada hubiera pasado, pero si te atreves a leer... Quién sabe lo que puede pasar... De entre quienes me conocen no creo que todos sepan cómo soy en realidad, ya que suelo ser muy hipócrita con los demás. Suelo guardarme todo lo que siento y para dejarlo ir escribo este blog. No pretendo que nadie lo lea, esto lo hago solo por mí. Sé que suena egoísta, pero sé que lo soy. No es que vaya a escribir solo penas y lamentos, todo lo que pienso y siento trataré de reflejarlo aquí. Que no se os haga difícil la elección, esto sólo es un sueño y podéis despertar con sólo desearlo.
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