Era pequeño, más niño que muchacho. Su pelo, de un tono claro con brillos de bronce, se rizaba en su cabeza de forma armoniosamente desenfadada. Su piel era delicada y ligeramente enfermiza, pero una pincelada de color llena de vida sombreaba sobre todo las mejillas. Sus facciones tenían aún ese encanto infantil; sus ojos se veían grandes, y sus mejillas y labios carnosos. Iba vestido como cualquier chico de su edad: vaqueros, camiseta de manga corta y deportivas. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos. Me encantaron desde el primer momento en el que los vi. Con un borde color miel, los tonos del ojo creaban un hermoso juego otoñal entre ocres, anaranjados, dorados y castaños. No eran exactamente como los ojos de Lucas, pero a mí me hechizaron como si fueran los suyos. No era un bombón; ni siquiera demasiado guapo, pero a mi me pareció el chico más lindo del mundo entero.
Se percató de que yo le miraba y me sonrió, ligeramente inseguro. Se acercó a mí caminando sin prisas, de forma descordinada e irregular. Tenía un aspecto tan humano, era enternecedor.
- Hola. - me saludó con timidez - Bueno, he visto que me mirabas y pensé que tal vez quisieras decirme algo... - titubeó. Por la forma en que lo dijo me dio la impresión de que estaba intentando ligar conmigo torpemente.
- En realidad no quería hablar de nada, pero ya que has venido estará bien que me hagas compañía. - Respondí sin quitarle la vista de encima.
- ¿No te molesto?
- Para nada.
- Puedes llamarme Gabe.
- Pues tú a mí puedes llamarme como quieras.
- Oh, vale... ¿No tienes nombre?- preguntó confuso
- Sí, pero tengo varios.
-¿Tu nombre de pila?
- Ismael, Ismael Klein.
- Ismael es un nombre muy bonito.
- No me gusta. Pero Gabriel sí. En realidad es un nombre muy acertado para ti, pues siempre me he imaginado a... Ya sabes el a... - mi fe atragantó las palabras en mi garganta.
- ¿Ar-cángel?- tartamudeó confuso. Yo asentí - ¿Te refieres a parecido a mí? Ni de coña, sería ilegal o algo así que existiera un á-ángel tan feo.
- ¿De verdad crees que estoy tan ciego como para encontarte feo?
- No, creo que no estás tan ciego como para encontrarme guapo.
- ¿Por qué no iba a encontrarte guapo si tengo una vista perfecta y veo que eres precioso?- él se sonrojó y sonrió
- Eres libre para pensarlo, pero no es verdad.
- Sí que lo es.
- No.
- Sí.
- Ay, déjalo... - murmuró algo sonrojado. Me acerqué a su cara, sonriente. No dejé de aproximarme hasta que podía sentirle frente a mí; su respiración, el latido de su corazón acelerándose... Todo era demasiado atractivo. Me acerqué con intención de besarle y, justo tras rozar sus labios con los míos; él se alejó repentinamente.
- Mira, no. No puedo. No soy de ese tipo de chicos. No me enrollaría con nadie sin conocerle.
- No, si yo tampoco soy así. Es solo que no tengo demasiada experiencia en las relaciones. La primera y única relación que he tenido ha sido con alguien que ya era mi mejor amigo y no sé cómo va esto. Es que no te conozco, pero sé que me gustas tanto... Perdóname si te he intentado forzar o algo. Si lo prefieres te dejo en paz. - murmuré decaído.
- No, no... Si en realidad por ahora me gustas. Pero no es que lo pueda decir con certeza, porque no te conozco. Es raro... Siento no saber expresarme mejor.
- No pasa nada. Te entiendo. Yo tampoco soy muy hábil con las palabras, pero te entiendo. - dije sonriendo.
- A veces creo que soy estúpido... Que un chico, un hombre tan guapo como tú esté interesado por mí... No creo que me vuelva a pasar nunca, así que no debería oponerme a lo que tú quieras hacer ¿No es eso lo más lógico? Bueno, sería mejor tener un rollo de una noche contigo que que pasaras de mí porque soy un niñito caprichoso. Debería no comportarme así, pero...
- No. Tú mereces ser amado, y dejarse llevar por lo que un idiota quiera es de gente sin personalidad y te hará acabar mal. Si él no te respeta no merece la pena, por mucho que sea el hombre más guapo que hayas visto jamás. Por eso yo evitaré forzarte a algo que te incomode. Creo que me gustaría poder llegar a mantener una relación seria contigo.
- Es solo que parece una especie de broma de mal gusto. ¿Yo gustarle a alguien como tú? ¿Dónde está la cámara? - miré alrededor confuso
- Yo no veo ninguna.
- Es una forma de hablar, por las bromas de la tele ¿No las has visto? - negué con la cabeza.
- Te puedo asegurar que voy en serio.
- Pues más que mejor. - dijo él sonriente y ruborizado. - Y... ¿Qué puedes decirme de ti? ¿Cuántos años tienes?
- Más que tú.
- No sabes cuantos años tengo. - respondió él divertido.
- Pero seguro que no llegas a los dieciséis y yo tengo bastantes más.
- ¡Para tu información tengo... Casi dieciocho!
- Bueno, igualmente soy mayor.
- ¿Cuántos años tienes?
- Más que tú.
- ¿Veinte? ¿Veintitrés?
- Bueno, digamos que... rondo los veinte, pero soy bastante mayor que tú.
- Tampoco lo eres tanto... - murmuró frunciendo el ceño. - Y ¿Trabajas, estudias o ninguna? - dudé antes de responder.
- Llevo una especie de trabajo no remunerado, pero tampoco pienses que no tengo estudios ni nada. No soy el típico niño rico al que le dan todo y hace lo que quiere.
- A pesar de tener dinero.
- Eh, ¿Cómo...?
- He visto esa cazadora en Internet, no solo es de marca; sino de edición limitada, también.
- Es que mi padre me obligaba a vestirme así. Sé que pensarás que es ridículo; que soy mayorcito, pero no podía evitarlo. Fue él quien me puso el pelo así. Yo opino que tengo un aspecto ridículo, pero me siento mal porque siempre me porté fatal con él y... ahora que ya no está, supongo que es mi forma de decir que en el fondo sí que me importaba...
- ¿Ha fallecido tu padre? - asentí.
- Supongo que te habrás enterado de un incendio que hubo hace poco en el que murieron unos de los hombres más ricos de Europa. Así anónimo. Vaughn, Finn, Macnair, Paolini, - hice una pausa y pensé, intentando no desmoronarme - Klein...
- ¡Oh! ¿Eso en lo que se montó un lío con no sé qué de un inglés?... Guau...Ha sido reciente entonces.
-Sí. - respondí con los ojos algo empañados por lágrimas y un hilo de voz.
- Pues lo siento. Yo perdí a mi madre, pero hace ya mucho. Era pequeño...
- Lo siento.
- ¿Cuál es tu trabajo exactamente?
- Si te lo dijera me tomarías por loco. Son cosas religiosas que los jóvenes de hoy en día no entenderíais.
-¿Está relacionado con la religión?
- Sí. ¿ Es que tienes algún problema con eso?
- No. Solo es que yo no soy muy religioso...
- Tampoco esperaba encontrar alguien tan ferviente como yo.
- Oh Dios no me digas que quieres hacerte sacerdote.
- No. Ya lo soy.
-¿Qué? - preguntó alarmado con los ojos como platos.
- Bueno, ya no... Es difícil de explicar. No creo que lo entendieses. No lo entiendo ni yo del todo. Hace mucho, me hice sacerdote, pero dejé de impartir la eucaristía y de rezar tan frecuentemente y, hace unos meses rompí mi voto de castidad con mi novio y ya no me considero un sacerdote. Hace siglos, literalmente, que no me pongo mi alzacuellos.
- Oh, pero tienes novio...
- No, ya no... tenía...
- Ah, cortasteis.
- Sí y además él ya está muerto. Fue en el mismo incendio. Y yo seguía enamorado de él
-¡Qué jodido! -exclamó él, algo entristecido. - digo en el sentido de duro de pasar. Tu padre y tu ex... - suspiró.
- Bueno, pude soportarlo... aunque es cierto que mi poca cordura murió con ellos.
- Yo te veo bien.
- Es que ahora estoy extrañamente bien. No me has visto algunas veces que parezco salido de una película de miedo, y no exagero. Parece que hay un aura tétrica que me rodea, de esas que hasta marchitan las flores. Aparezco con ojeras, música depresiva y murmurando cosas entre lágrimas mientras merodeo por la casa.
- Lo estás pasando fatal... Si quieres puedo intentar ayudarte...
- Gracias, pero creo que sobre todo necesito tiempo y quizás un poco de cordura ¿Tienes algo para prestármela? - el rió
- Lo siento, pero con eso no puedo ayudarte.
- No pasa nada. Si tengo alguien como tú para apoyarme.
- Yo estoy acabando el instituto.
- Interesante...
- ¿Eres europeo?
- Oh, sí. Klein es un apellido alemán y mi padre lo era, pero yo nací en una ciudad española. No espero que un niño como tú la conozca. Según la geografía impartida en América hoy en día, sería rarísimo. - él parecía inseguro.
- Yo sé poco de España, pero desde luego su capital no es ni Méjico ni Francia.
- Al menos sabes eso... Cuando yo estudié no nos enseñaban chorradas marcadas por el gobierno. Sólo son basura. Yo estudiaba a los autores de la historia, aunque prefería los clásicos. Los de entonces eran demasiado poco sentimentales y fríos.
- Hablas como si fueras mi padre. Que estudiaste en los 90 y 2000s tempranos, no en el Jurásico.
- En el Jurásico no existía el hombre, lo cual demuestra lo mala que es la educación actual
- Bueno, pero me has entendido. Además yo soy más de artes...
- Siempre he envidiado a los artistas, pues yo siempre he deseado tener talento y nunca lo he tenido... Pero mi envidia no puede evitar que los adore. Los artistas tienen un encanto especial, como una luz que les ilumina. Todos son tan especiales... Me encanta la gente así. Aunque a veces sea difícil tratar con ese tipo de personas.
- Pues yo tampoco me considero demasiado especial, la verdad. Me gustan las artes, pero no me considero un gran artista de esos a los que te refieres. No soy normal, pero tampoco tan especial. No tengo carisma. Soy invisible para casi todos.
- No lo eres para mí.
- Oh, qué tierno... - murmuró entre dientes intentando no sonrojarse. - ¿Acaso te educaron en uno de esos internados caros?
- No, estudié con mi mejor amigo, con su tutor personal.
- Vaya...
- Es difícil de explicar a alguien de tu edad... - "y época" pensé para mis adentros.
- ¿Cómo has acabado viviendo aquí?
- Yo no vivo aquí.
- Pensé...
- Bueno, tengo una casa que puedo usar como si fuera mía.
- Te refieres a la suya ¿No? Salías con el inglés ¿Verdad? Era el más joven, creo. Tenía una casa aquí.
- Exacto. Estoy dando una vuelta a la ciudad... A él le gustaba y querría saber por qué...
- Es una gran ciudad.
- Pero eso no le iba mucho.
- Oí que vivía no muy lejos del aeropuerto.
- Sí, por las afueras del este pero no muy lejos del aeropuerto.
- Yo vivo justo en frente de este parque.
- Lo siento, no conozco la ciudad ni tampoco es que me oriente especialmente bien.
- Da igual.
- ¿Vas al instituto que hay cerca de por aquí?
- Sí, pero no es que esté tan cerca. El paseo que doy todos los días atravesando Ramey Park entero se me suele hacer largo.
- Será porque no gozas de compañías interesantes.
- La verdad es que no. Mis amigos viven más al oeste.
- Si quieres te puedo acompañar. No podré estar todos los días, pero últimamente paso bastante tiempo en la ciudad. Además, conozco a algunas personas que van a ese instituto. Seis alumnos y un profesor.
- No creo que conozca a los alumnos, pero al profesor seguramente sí. ¿Cómo se llama?
-No es que me enorgullezca demasiado conocerle y no me tengas en peor estima por conocerme, por favor. Es Alexander Hayle.
- Oh, joder...
- Le conoces.
- Y tanto. El nuevo profesor de literatura... ¡Está más bueno! Creo que suspenderé seguro porque no sé si podré atender a lo que dice cuando es tan atractivo... Joder, joder, joder. Es un bombón. No deberían dejarle dar clases a un tío tan... Sexy. Y encima no es el típico profesor muermo y repelente que lee el libro y te hace copiar todo el rollo. Por ahora parece demasiado guay.
- Es muy guapo y también es especial, no lo puedo negar.
-¿Te has liado con él?- preguntó interesado.
- ¡No! Es insoportable; bueno, lo era... Lo sigue siendo un poco, pero ahora se le puede soportar.
- Pero es tan guapo...
- Sí, lo es; pero es difícil querer liarte con una pequeña zorra retorcida y engreída que quiere destrozar tu vida, quitarte a tu novio. Cuando me paré a conocerle descubrí que era interesante, divertido y mucho menos idiota; pero aún así no me iba a liar con él. No me va eso del rollo de una noche y creía que ése era su estilo, pero ahora está en serio con alguien... No lo entiendo, pero su vida tampoco es cosa mía.
- ¿Cuántos años tiene él?
- Tiene mi edad, pero es algo más joven que yo. Nació el mismo día que L... Mi ex. Eran medio primos, pero se lo quería tirar. No nos llevábamos nada bien desde que nos conocimos. Éramos casi como enemigos naturales. Pero ahora estamos bien.
- Pero es que nunca había visto a un profesor tan mono... Ni siquiera había visto a ningún chico así de guapo antes, prácticamente. Y es muy joven para dar clases.
- Creo que lo hace porque se ha aburrido de follarse modelos y darse la buena vida. Supongo que será la crisis de la edad media.
- Tiene ventialgo.
- Ya, bueno... Él es así... Raro
- Pero es como las estrellas de Hollywood, como es guay se le permite ser raro. ¿Me lo presentarías?
- ¿No me has dicho que te daba clase?
- Sí, pero apuesto a que no recordará mi nombre hasta el último día de clase, aunque me tenga que dar clases de refuerzo, lo que seguramente pasará. Tiene pinta de ser así como despreocupado .
- Sí, es muy posible que le importéis una mierda. - afirmé
- ¿E-Estás celoso de que me guste?
- No exactamente, debería estarlo si fueras mi novia; pero no es el caso, así que aún no tengo derecho, pero me gustaría llegara tenerlo y me gustas, por lo que no es que me haga gracia que hables maravillas de él. Y precisamente de él. No te lo dije, pero mi ex se morreó con él en una habitación llena de gente...
- Joder. Es una cara bonita, pero saliendo con alguien como tú no creo que nadie cuerdo perdiera las bragas por liarse con él. Tú eres un encanto, no creo que nadie que te tenga necesite nada más. Es que tú no solo eres guapo, además tienes unos músculos, eres horriblemente sexy, eres dulce y mono... - dijo riendo. - Tu novia tiene suerte.
- Oh, sé que suena desagradable; pero no estoy enamorado de ella. No sé, me gustaba y la quiero, pero la cosa no funciona. Creo que soy gay del todo y no sé como decírselo para que no quede tipo, me besa y yo digo "No siento nada, soy gay" No parece que eso le haga gracia a las chicas. Cuando empecé a salir con ella creí que me gustaban las mujeres. Voy a intentar dejarla, porque para superar lo de Lucas necesito salir con otras personas. Otras personas como tú, si estás interesado. -él se sonrojó y me miró con una sonrisa.
- Me gustas y creo que podría salir contigo, pero es que apenas nos conocemos y no quiero que vayamos demasiado rápido, porque no tengo mucha experiencia.
- Tampoco yo, pero prometo tratarte como te mereces. - el sonrió. Pasó la mirada por su reloj y exclamó
- ¡Mierda! Tengo que irme a casa o mi padre me matará.
- Te acompaño.
- ¿Estás seguro? Voy a correr.
- No te preocupes, soy rápido e incansable. - un ataque de risa floja le invadió. Yo sonreía, pero no lo pillaba.
- Vale, ven conmigo, voy a hacerte jadear un rato. - no cogía esa risita, pero era encantadora; así que le tomé de la mano. Serían cosas de adolescentes.
Para ser un crío humano y bastante canijo, llevaba un ritmo muy rápido. Se paró frente a un edificio grande y elegante sin dejar de reír
- ¿De qué te ríes, precioso? - pregunté rodeándole con los brazos de forma cariñosa. A él no le molestó, sino que me miró con ternura y sonrió mientras preguntaba
- ¿Te he hecho llegar? - estalló en risas- a cansarte, digo. ¿ He hecho que se te acelere el pulso? ¿Te he hecho sudar? - lo decía tan divertido que ni siquiera me deprimí recordando que mi corazón nunca se volvería a acelerar.
- Soy idiota y bastante lelo, pero no tan idiota. Lo he cogido... Las frases, la vocecita sugerente... Desde luego no imaginé algo así de un inocente muchachito como tú.
- Los tiempos han cambiado, señor Jurásico.
- Bien que hablas de ir despacio, pero me haces esto... ¿No imaginas que algo así podría excitarme? - le susurré al oído sonriente
- No. - me respondió en una carcajada.
- Eh, que voy en serio.
- Lo siento, es solo que tengo la risa tonta... - murmuró aún riendo. Era encantador. Su sonrisa no era perfecta ( tenía un incisivo mellado y otro torcido y el resto de dientes no tenían las perfectas proporciones) pero verle reír era como sentir el agradable calor del sol sin que intente ahogarte colándose en la oscuridad de tu corazón. Sin poder contenerme le besé. Él no intentó pararme, y cuando me separé de su rostro le vi contemplarme con un brillo soñador en sus preciosos ojos otoñales.
- Lo siento, no pude contenerme. Pero mirando el lado bueno, se te ha ido la risa.
- No pasa nada... - pasó unos instantes sin saber bien qué decir, hasta que consiguió balbucear - Esto, ¿Te importaría darme tu número de teléfono, tu Mail o algo para estar en contacto?
- Tengo teléfono móvil. - dije sacándolo para mostrarlo. - pero no sé como se mira el número.
- A ver, primero te anoto el mío. - dijo tomando mi móvil y tocando la pantalla haciendo cosas que para mí eran producto de extrañas brujerías demoniacas. - Pero si tienes un contacto de "yo". Así mejor y no te gasto el saldo.
- No he entendido una palabra. Mi hermana es la única que sabe utilizar esta cosa. Yo apenas sé como descolgar el teléfono. Pero lo primero que haré cuando la vea será pedirle que me enseñe a llamarte.
- Sino te enseño yo. Yo soy el mayor interesado de que aprendas a llamarme.
- No, tienes que irte y supongo que tu padre no aprobaría que fuera a presentarle mis respetos. - el rió
- No lo creo... Ni siquiera le he dicho que soy gay, pero la verdad es que no tengo una relación muy cercana a él. Es el típico padre que nunca va a tus partidos, funciones escolares ni a eventos del estilo por negocios;o si va, tiene que irse corriendo y como soy hijo único y mi madre murió cuando yo tenía cinco años, siempre he estado muy solo.
- Pues que sepas que yo no te dejaré solo ni un minuto. No habrá un instante en el que no querré estar a tu lado, abrazarte, besarte y decirte lo que siento por ti... Así es como soy yo en las relaciones.
- ¡Un adorable y encantador enfermo mental obsesivo!, ¡como a mí me gustan! - me abrazó sonriente y yo le besé en la frente.
-Creo que vamos a tener que despedirnos.- dije entristecido
- No pasa nada, tú sólo llámame. - dijo mientras se separaba de mi lado y desaparecía risueño subiendo las escaleras del portal.
Encantador... Encantador de veras.
Porque todos necesitamos una coartada, un lugar al que correr para esconderse y sentirse mejor. Para llegar al mío sólo hay que soñar. Así que ahora seguramente estés dormido
~
Si has llegado a encontrarte con estas palabras, tienes libre elección de seguir leyendo o parar aquí. Si paras, será como si nada hubiera pasado, pero si te atreves a leer... Quién sabe lo que puede pasar... De entre quienes me conocen no creo que todos sepan cómo soy en realidad, ya que suelo ser muy hipócrita con los demás. Suelo guardarme todo lo que siento y para dejarlo ir escribo este blog. No pretendo que nadie lo lea, esto lo hago solo por mí. Sé que suena egoísta, pero sé que lo soy. No es que vaya a escribir solo penas y lamentos, todo lo que pienso y siento trataré de reflejarlo aquí. Que no se os haga difícil la elección, esto sólo es un sueño y podéis despertar con sólo desearlo.
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